Un taller de cerámica funcional en Buenos Aires donde el gres y la porcelana pasan por las manos antes de llegar a la mesa.
Lizeyou Estudio trabaja la cerámica utilitaria como oficio cotidiano, no como relato de fundación. No hay años ni premios que expliquen el proyecto: hay una rueda que gira, una pasta que se abre entre los dedos y una serie de decisiones que se repiten pieza por pieza. El taller ocupa un espacio de paredes de yeso blanco, con acentos en terracota y verde oliva, donde la luz natural cae sobre las piezas antes de que entren al horno.
Cada objeto nace de dos caminos posibles. Algunas formas salen del torno, con la irregularidad del gesto manual; otras parten de un molde de yeso que permite repetir una proporción sin perder el pulso de la mano. Después llega el esmalte, aplicado a mano, y la cocción en horno eléctrico a 1240 °C. Ese recorrido deja marcas reales: dos tazas del mismo modelo pueden diferir en tono y en espesor, y esa diferencia es parte del resultado, no un error que haya que corregir.
Que un bowl de desayuno, una jarra o un plato de servir puedan usarse todos los días sin perder la huella de quien los hizo. La cerámica utilitaria está pensada para la mesa, no para la vitrina.
Los sábados se abre un taller corto de torno para principiantes. No promete convertir a nadie en ceramista en una tarde, pero sí permite entender la presión de las manos y el ritmo de la rueda.
La historia del taller no se sostiene en hitos, sino en la práctica diaria. Quien quiera conocer el trabajo de cerca puede escribir para consultar stock o reservar un lugar en el próximo taller.
Lizeyou Estudio es un taller de cerámica funcional en Buenos Aires. Su relato no se apoya en fechas ni en premios: se cuenta en el trabajo de cada día, entre el gres y la porcelana que pasan por el torno, el molde de yeso, el esmalte aplicado a mano y el horno eléctrico a 1240 °C.
En el taller conviven dos maneras de dar forma a una pieza. El torno pide paciencia y una presión de manos que se corrige con la práctica; el molde de yeso permite repetir un volumen con más control. Ninguna de las dos rutas busca la copia exacta. Cuando el esmalte se aplica a mano y la cocción hace lo suyo, aparecen variaciones de tono y de espesor que distinguen una taza de otra, incluso dentro del mismo modelo.
De esa práctica salen los bowls de desayuno, las jarras, los platos de servir, las macetas sin agujero y los sets para regalar. El espacio de trabajo tiene paredes de yeso blanco, acentos en terracota y verde oliva, y luz natural que cae sobre las piezas mientras se secan. Los sábados se abre un taller corto de torno para principiantes, pensado para quienes quieren probar el gesto antes de decidir si siguen.
La historia del estudio se sostiene en el oficio y en el trato directo con quien compra o aprende. Si querés consultar stock o reservar un lugar en el próximo taller, escribinos por correo o teléfono y lo vemos juntos.
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